El Valle Central de California suministra una cuarta parte de los alimentos en las mesas de la nación. Pero debajo de esta imagen de abundancia, se está gestando una crisis —invisible, bajo nuestros pies— y no se limita solo a California.
De costa a costa, nuestras regiones productoras de alimentos, especialmente aquellas que se extienden desde las Grandes Llanuras del sur hasta el soleado y seco Suroeste, dependen en gran medida, a veces exclusivamente, del agua subterránea para el riego.
Y está desapareciendo —rápidamente.
¿Qué sucederá con la producción de alimentos de la nación si el agua subterránea se agota por completo? A menos que actuemos ahora, pronto podríamos llegar a un punto en el que el agua deba ser transportada desde las partes más húmedas del país, como los Grandes Lagos, a regiones más secas y soleadas donde se produce la mayor parte de los alimentos de la nación.
Estados Unidos ha pospuesto el problema durante décadas, pero finalmente ha llegado a un callejón sin salida.
Es hora de que esta nación actúe para garantizar tanto su seguridad alimentaria como hídrica para los siglos venideros.
De lo contrario, nos enfrentaremos a la desagradable perspectiva de que los Grandes Lagos se vean parcialmente desprovistos de su agua dulce, la cual será transportada a través del país en un proyecto derrochador, costoso y impopular que podría haberse evitado si hubiéramos actuado rápidamente cuando aún podíamos.
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